ECONOMÍA BUDISTA

El Budismo

El budisBudha Facemo es una filosofía, una visión espiritual y un modo de vida en consonancia con las enseñanzas impartidas por Buda. La palabra “buda” significa un ser que ha despertado del sueño de la ignorancia, se ha liberado de las obstrucciones mentales y percibe las cosas tal como son.
El fundador de lo que hoy en día se conoce por “budismo” fue el Buda Sakyamuni, nacido en el año 624 a. c. nacido en Lumbini, lugar en el que en aquel tiempo pertenecía a la India y hoy forma parte de Nepal.
Las enseñanzas de Buda reciben el nombre de “rueda del Dharma”, que significa protección contra el sufrimiento. Según sus principios todos nuestros problemas surgen de nuestra ignorancia, por lo que el adiestramiento en el Dharma es el método supremo para mejorar nuestra calidad de vida, cultivar la paz y la felicidad interior. Sin paz interna la paz externa es imposible por muchas campañas que se organicen a favor de la paz a nivel mundial.

Buda demostró que todo depende de la mente, por lo que hemos de conocer su naturaleza y funciones. Se aprende a identificar los estados mentales, sean estos apacibles o alterados. Nos recomienda que no busquemos la felicidad en el exterior sino dentro de nosotros mismos, y que la causa principal tanto de la felicidad como del sufrimiento están en nuestra mente y no en el mundo exterior. De manera que por muy difíciles que sean las condiciones externas, si somos capaces de mantener una mente entrenada en la serenidad y apacible, no nos causará ansiedad.
Aspectos cruciales del budismo son el Principio de Causa y Efecto(los sucesos no son aleatorios, tienen una raíz, un origen), la Interdepedencia (todos los seres están interconectados), la Impermanencia(no hay nada que perdure) y la no violencia (llevada a todos los aspectos del ser)

Principios de una Economía Budista

El término “economía budista” fue introducido por el economista y estadístico alemán Ernst Friedrich Schumacher (1911 – 1977) en un ensayo publicado en 1966 titulado Asia: A Handbook. Posteriormente pasó a formar parte del capítulo 4º de su libro Lo pequeño es hermoso.  En 1955 Schumacher que era muy crítico con el sistema económico dominante,  viajó a Birmania como asesor económico del primer ministro U Nu y quedó gratamente impresionado de la sencillez y optimización del uso que se hacía de los recursos en el sistema económico birmano. Esta experiencia le inspiró para investigar y escribir sobre los principios de la economía budista. Incluso ha creado escuela, con numerosos seguidores, algunos de ellos de la corriente del budismo Theravada, como Ven. Prayudh Payutto y Phrabhavanaviriyakun.
Desde un punto de vista científico no existe una economía budista, sino más bien la aplicación de unos principios, actitudes y comportamientos a las decisiones económicas. Un “modus vivendi” sustentado en la ética.
Para Schumacher la economía budista es “el estudio sistemático de cómo obtener unos fines con un mínimo de medios”. Estamos hablando de una racionalización de recursos donde no cabe el despilfarro y se busca en todo momento la asignación óptima de recursos.
En este enfoque la Psicología está presente en todos los procesos de decisión económica: examina los aspectos psicológicos de la mente humana, tanto cognitivos como emocionales, con relevancia en el discernimiento y la atención plena en la toma de decisiones.
Aspectos como el equilibrio, la sostenibilidad, la solidaridad, la empatía, la inteligencia emocional, la racionalidad, la responsabilidad, etc. sería los valores básicos bajo el prisma de la economía budista.
En este sentido, me gustaría destacar la siguiente cita de Schumacher (2011): “recordemos quienes somos: una gente peculiar destinada a disfrutar de salud, belleza y permanencia; dotada de enormes dones creativos y capaces de desarrollar un sistema económico tal que las personas estén en primer lugar y las mercancías en segundo lugar”
Uno de los aspectos que más me apasionan en la economía budista, es que dada la sencillez de su naturaleza, no se sustenta en teorías o modelos económicos desarrollados por economistas, sino en el equilibrio natural de los fenómenos, en el Principio Universal de Causa y Efecto.
No obstante lo dicho, ha habido algunos maestros y estudiosos de algunas tradiciones budistas que han sistematizado su estudio pero bajo un enfoque sencillo y práctica, lejos de una economía “normativa”, en el contexto de una economía “positiva”.
Se puede consultar la obra del Ven. Prayudh Payutto, Buddhist Economics. A Middle Way for the market place. En el capítulo 3º aborda aspectos como el valor de los bienes, el consumo, la moderación, el no consumo, el sobreconsumo, el contento, el trabajo, la producción y la no producción, la competencia y la cooperación, así como la capacidad de elegir.
En clave diríamos que en una economía budista destacan los siguientes rasgos:

Enfoque espiritual de la economía: simplicidad y no violencia están estrechamente unidas.
Trabajo y ocio son partes imprescindibles y complementarias en este proceso. Si se elimina alguna de ellas se destruye la alegría de trabajar y la satisfacción del ocio.
No está basada en teorías o  modelos sino en el poder del discernimiento y la compasión.
Examina la psicología de la mente humana que a través de las emociones condicionan toda actividad económica.
Los principios de la economía budista no antagonizan con el bienestar físico.
El problema no radica en la riqueza y su disfrute, sino en el apego a la riqueza que genera sufrimiento.
Más que el consumo por el consumo lo que se persigue es su optimización, que permita una vida sencilla, sin grandes pretensiones.
Como los recursos son limitados se deben satisfacer las necesidades mediante un uso moderado (ni despilfarro, ni sobreexplotación)
Su estudio persigue aclarar la confusión entre lo que resulta perjudicial y beneficioso en términos económicos.
Comercio local y de proximidad. Recursos locales para necesidades locales. Es la forma más racional de vida económica. La dependencia de importaciones sólo se justifica en casos excepcionales y a pequeña escala.
Respeto por el entorno. Actitud no violenta y reverente hacia el medio ambiente que permita la regeneración de la Tierra.
Objetivo último: alcanzar la máxima felicidad con la mínima producción.

El “Medio de Vida Correcto” (Sutra  Dighahanu)
En uno de sus ciclos de enseñanzas el Buda Sakyamuni enseñó el “Noble Camino Octuple” agrupado en tres apartados (sabiduría, conducta ética y entrenamiento de la mente) y ocho principios. El quinto principio se refería a unos consejos sobre cómo llevar un modo de vida correcto, también conocido como Sutra Dighahanu o Vyagghapajja.
Dighahanu era el cabeza de una familia adinerada que pidió a Buda consejos sobre cómo preservar e incrementar la prosperidad y evitar la pérdida de riqueza. Buda enseñó en estos términos.
“La riqueza por si misma, no hace al hombre completo ni tampoco origina una sociedad armoniosa.”
“La posesión de la riqueza, frecuentemente multiplica los deseos del hombre y este siempre está buscando amasar mayor riqueza y mayor poder.”
“Este desenfrenado aferramiento le lleva a la insatisfacción e inhibe su crecimiento interior.”
“Crea conflicto y discordia en la sociedad debido al resentimiento de los menos privilegiados, que se sienten explotados por los efectos de ese desenfrenado aferramiento.”
En este Sutra, Buda describe las condiciones necesarias para mejorar el bienestar de las personas laicas y resalta cuatro cualidades que crean riqueza y progreso material: Esfuerzo persistente, Adecuada vigilancia, Buenas compañías y Vida equilibrada. Veámoslas con más detalle.
Esfuerzo persistente. Cualquiera que sea la profesión que uno tenga, ha de ser un trabajador diestro y no perezoso. Tiene que entender (discernir) lo que ha de hacer, las formas y medios más adecuados. Aprender cómo hacerlo. Hacerlo bien y delegar el trabajo en otros cuando ello sea apropiado.
Adecuada vigilancia. Se debe vigilar adecuadamente cualquier riqueza que haya sido adquirida de forma recta y legal. Se deben proteger los activos contra el fraude y la apropiación indebida y han de ser administrados bien para evitar excesivos impuestos o inapropiada confiscación estatal. Se han de proteger las posesiones contra el robo y la destrucción. No se debe permitir que las propiedades sean dilapidadas por ningún familiar irresponsable.
Buenas compañías. Aconseja la asociación con personas fiables, no importa la edad, pero que sean cultos, virtuosos, caritativos y posean sabiduría y espiritualidad. Obrando de esta manera uno será positivamente influenciado y vivirá una vida recta.
Vida equilibrada. Uno ha de ser consciente de sus ingresos y sus gastos, y ha de vivir dentro de sus posibilidades. No ha de ser extravagante ni mísero, asegurándose que sus ingresos sean mayores que sus gastos y no al revés. Cualquiera que viva más allá de sus posibilidades encontrará muchos problemas e irá a la ruina. En el otro extremo, un mísero que hace acopio de su fortuna llevará una vida infeliz y acabará de una forma miserable.
En resumen, una economía budista es un sistema económico organizado en torno a un enfoque espiritual de la vida, en base a unos principios de sencillez, armonía, discernimiento, equilibrio social, respecto por el medio ambiente y la búsqueda de la felicidad para todos los seres.

Referencias bibliográficas

Gueshe Kelsang Gyatso (2001): Introducción al budismo. Edit. Tharpa. Cádiz.
Prayudh Payutto, (1994):  Buddhist Economics. A Middle Way for the market place. Doc. PDF en http://www.urbandharma.org/udharma2/becono.html
Schumacher, E.F. (2011): Lo pequeño es hermoso. Ediciones Akal, Madrid.
Sogyal Rimpoche (1994): El Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte. Ediciones Urbano, Barcelona

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