IMPORTANCIA DE LAS EMOCIONES EN LAS DECISIONES DE GRUPO. EL CONTAGIO EMOCIONAL

Si a veces fuéramos conscientes de nuestro estado emocional y del impacto que ese estado anímico ejerce sobre las decisiones que tomamos, creo que nos lo pensaríamos dos veces antes de decidir. Si tal decisión queda a nivel del individuo quizás la trascendencia es menor, como mucho la “mala” decisión afectará a su entorno inmediato. Pero el grado de relevancia se acentúa si la decisión afecta a miles o millones de seres. Decisiones de estado, relaciones bilaterales, conflictos bélicos, inversiones en activos financieros cuyo volumen de fondos desestabiliza un sistema económico, etc. Si fuéramos capaces de discernir sobre la dimensión o alcance de una mala decisión, exploraríamos mejor nuestros sentimientos, nuestra consciencia en el momento de decidir y prever consecuencias indeseadas.

En principio las emociones no son ni buenas ni malas, son un elemento inherente al comportamiento humano que afecta directamente a las organizaciones (Soto, 2001, pp. 25-46 y Rece & Brandt, 1999, pp. 225-250). Concretamente el factor emocional influye en los procesos de coordinación y cooperación de los individuos en el seno de la organización, modificando, inhibiendo o potenciando sus decisiones.
Por otro lado el enfoque económico tradicional para la toma de decisiones en las organizaciones se funda en el enfoque racionalista del comportamiento humano que rechaza todos los aspectos subjetivos e intangibles propios del ser humano. La intangibilidad y la subjetividad del factor emocional es lo que aumenta la incertidumbre en tanto que es difícil de comprender y medir, y en consecuencia difícil de predecir.
El interés por el estudio del comportamiento emocional en el contexto de las organizaciones ha ganado en importancia (Fineman, 1996; Weiss & Cropanzano, 1996). Tal importancia se justifica y evidencia en cómo varía el comportamiento de los miembros de una organización en función del estado emocional de los individuos.
Weiss & Cropanzano (1996) argumentan que las experiencias en el lugar de trabajo abarcan una sucesión de eventos laborales que pueden ser agradables y vigorizantes o agotadores y frustrantes. Estos acontecimientos afectan la manera en la que los individuos perciben y se comportan en el lugar de trabajo y pueden tener consecuencias funcionales o disfuncionales en relación con el rol específico que se desempeña dentro del grupo. También hay evidencia de que los rasgos emocionales afectan a la inteligencia emocional (Salovey & Mayer, 1990) y el trabajo emocional (Fineman, 1996, p. 554)
La manera tradicional de enfocar el estudio de las emociones en el comportamiento de la organización ha sido centrándose en una perspectiva funcionalista mediante estudios de caso (Fineman, 1996), con lo que se ha llegado a conceptualizarlas regularmente como contradictorias o disfuncionales con respecto al comportamiento racional que se supone debe privar en las organizaciones. La conducta de los miembros de una empresa varía según el estado emocional de los mismos.
Pero ¿qué es una emoción? La emoción es un estado interno (fisiológico y mental) del individuos provocado por la respuesta interna del sujeto ante un estímulo que se percibe como agradable o desagradable. Estas reacciones pueden ser funcionales o disfuncionales para el individuo dependiendo de en qué medida se adecue al comportamiento esperado por los demás.
Un enfoque para abordar el tema de las emociones es la propuesta por Ortony et al., (1988) y O’Rorke et al., (1994). Dicho modelo se centra en los aspectos cognitivos del comportamiento humano.
Como afirman Barsade & Gibson (1998) las emociones son inherentes a la vida del grupo, en el que los individuos vuelcan sus tendencias emocionales sobre el grupo y la interacción de esas emociones provoca un ambiente emocional que prevalece dentro del grupo, entre los miembros del grupo y más allá de las tendencias emocionales de los individuos que lo componen.
Estas emociones grupales pueden ser estudiadas como una corriente desde el grupo hacia el individuo (enfoque top-down) o bien desde el individuo hacia el grupo (enfoque bottom-up): 1. las emociones de grupo en conjunto (top-down) y 2. las emociones de grupo como la suma de partes (bottom-up)
1.    Las emociones de grupo en conjunto (top-down)
La investigación trata de captar las dimensiones de los sentimientos que surgen en las dinámicas de grupo, y se centran en el grupo de forma holística, como un ente que influye en los sentimientos y comportamientos de los individuos dentro de él.  Bajo este enfoque hay varias corrientes de investigación: a) Emociones de grupo como fuerza subyugante y abrumadora, b) Emociones de grupo como control normativo, c) Emociones de grupo como factor de adherencia, d) Emociones de grupo como ventana de desarrollo.
Veamos los rasgos generales de cada grupo.
a)    Emociones de grupo como fuerza subyugante y abrumadora. Bajo esta perspectiva las emociones individuales se contemplan como emociones grupales. Destaca aquí el efecto psicológico de las muchedumbres en las que los individuos parecen perder el sentido de la autoconciencia, de su personalidad. En esta línea destacan los trabajos de LeBon (1896) y McDougall, (1923) que destacan el sentimiento de ser arrastrados por una fuerza en la que uno pierde parte del control sobre sí mismo. El fenómeno consiste, por una parte, en que el colectivo se apodera del carácter emocional. El carácter emocional surgido es más extremo que la tendencia individual de sus miembros. La emoción grupal surgida no es una “media” del carácter emocional de los individuos involucrados, ni el resultado de la influencia particular de sus miembros, más bien el grupo despliega unos nuevos atributos  que no poseía previamente.
b)    Emociones de grupo como control normativo. Ese enfoque es similar al anterior en la medida en que las emociones grupales controlan la respuesta del individuo. Esta perspectiva de la gestión emocional fue articulada por Hochschild (1979, 1983) y ejemplificada en el ámbito organizacional por Rafaeli & Sutton (1987, 1989), Van Maanen & Kunda (1989) y Kunda (1992). El individuo valora y gestiona sus emociones adecuándolas a un sentimiento social y sigue determinadas reglas sobre cómo debe sentir y cómo debe expresar tales sentimientos en situaciones particulares.
c)    Emociones de grupo como factor de adherencia. La característica más relevante en este grupo es la cohesión del grupo. Se define aquí la emoción del grupo como el deseo de sus miembros de permanecer juntos y encontrar vínculos emocionales que mantenga al grupo unido. El poder de este vínculo emocional es la cohesión, definida como la unión entre sus miembros, el compromiso de actividad y sentimiento de orgullo grupal (Seachore, 1954; Catwright et al.,1968; Mullen & Copper, 1994).
d)    Emociones de grupo como ventana de desarrollo. Esta línea se centra en una forma de entender el desarrollo del grupo. Existe bastante acuerdo en la literatura de que las consideraciones socio – emocionales potencian el avance del grupo de cara a alcanzar sus objetivos (Bales & Strodtbeck, 1951; Tuckman, 1965). De hecho los estudios sobre resolución de problemas en grupo utilizan el enfoque socio – emocional como una componente de influencia en el desarrollo del grupo. Mills (1964) aporta que los grupos se caracterizan por ciclos de vida emocionales, a partir de su análisis en el estudio de comentarios positivos, negativos y neutrales en grupos de entrenamiento.
2.    Las emociones de grupo como la suma de las partes (bottom-up)
La composición afectiva del grupo examina cómo las emociones de sus miembros, individualmente consideradas se combinan para dar lugar a una emoción de grupo, y cómo la emoción de grupo puede ser vista como la suma de sus partes. La composición afectiva del grupo se nutre de dos fuentes: La investigación inicialmente conductual de los años 50 y 60 abordando la composición de grupos desde la personalidad individual y variables socio – emocionales, y su efecto sobre el resultado; Trabajos más recientes sobre la diversidad y demografía organizacional (Barsade & Gibson, 1998).
Las emociones de grupo pueden ser examinadas desde diversas perspectivas de composición: a) significado de las emociones de los miembros del grupo; b) el grado de variación emocional u homogeneidad dentro del grupo; y c) la influencia de los casos emocionalmente más extremos de los miembros del grupo.
a)    Composición Afectiva del Grupo. Impacto de Nivel Medio. Al examinar los fenómenos, los estudios demuestran que determinadas características de la personalidad como la sensibilidad social, orientación interpersonal y la estabilidad emocional afectan a la dinámica de grupo. Existe evidencia de que la eficiencia del grupo, la cohesión, la moral, la motivación y la eficacia en la comunicación están positivamente relacionadas con la composición de los atributos a nivel individual, como control y estabilidad  emocional; y negativamente relacionadas con atributos como las tendencias depresivas, neurosis, tendencias paranoides y patología.
b)    Composición Afectiva del Grupo. Homogeneidad – Heterogeneidad afectiva. Otro componente significativo es la varianza o distribución del impacto del grupo. Barsade & Gibson (1998) disertan sobre este fenómeno revisando la literatura y ofrecen dos perspectivas sobre la influencia de la homogeneidad – heterogeneidad del grupo sobre la dinámica del mismo.
c)    Composición Afectiva del Grupo. Mínimos y Máximos. Una componente no utilizada con frecuencia en la literatura, pero que puede ser particularmente relevante para el impacto del grupo, es la influencia de miembros del grupo que presentan la valoración máxima y mínima en la dimensión afectiva.
El Contagio Emocional en le desempeño del grupo
El contagio emocional es un proceso por el cual una persona o grupo influye en las emociones o el comportamiento de otra persona o grupo a través de una inducción, consciente o inconsciente, de estados emocionales y actitudes conductuales (Schoenewolf, 1990), y en particular, el contagio diario de estados emocionales en el trabajo en grupos.
Al igual que el contagio cognitivo, el emocional es un tipo de influencia social (Schachter, 1959, p. 15; Cacioppo & Pretty, 1987; Levy & Nail, 1993), y el proceso que ocurre tanto en el nivel consciente como inconsciente (Druckman & Bjork, 1994;Totterdell, 2000; Kelly & Barsade, 2001). Cuando la gente se incorpora a un grupo, queda expuesta a las emociones de los restantes miembros del grupo que se caracterizan por una valencia positiva o negativa de la emoción desplegada. El grado de contagio y sus resultados varían dependiendo de la valencia de la emoción y del grado de energía con que se expresan (Barsade, 2002). Por ejemplo, mientras que la hostilidad y la depresión son emociones desagradables, el nivel de energía con el que se expresan puede conllevar diferentes niveles de contagio y diferentes consecuencias para el grupo.
La expresión de estas emociones es percibida por otros miembros del grupo,  por la vía de los signos, no verbal (expresiones faciales, lenguaje del cuerpo, tono..) más que por las palabras (Mehrabian, 1972). Los procesos de atención juegan aquí un papel fundamental: cuanta más atención se posa en dichas expresiones, mayor es el contagio emocional resultante (Hatfield, et al., 1992, 1994)
El fenómeno del contagio emocional del grupo y la medida en que se transmiten los estados emocionales entre los miembros así como su influencia en la dinámica del grupo, han sido estudiados por Barsade (2002). Utilizando un diseño experimental, se hallaron entre los miembros del grupo efectos predictivos claros de contagio emocional. El contagio emocional positivo en las actitudes individuales del  grupo influyó en los procesos del mismo grupo, reduciendo el conflicto y mejorando la cooperación. Esto le sirvió al autor para contrastar y validar una serie de hipótesis en su modelo.
En resumen, estemos atentos a nuestro estado emocional, y tratemos de ver con la máxima claridad posible cómo nos sentimos al actuar o tomar decisiones. Si a través de talleres, podemos desarrollar nuestra atención e inteligencia emocional, seremos capaces de contagiar positivamente con nuestro estado emocional a los demás, y no ser tanto contagiados por las emociones negativas de los demás.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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