LA DEUDA NO DA LA FELICIDAD (NI EL CRECIMIENTO BASADO EN DEUDA TAMPOCO)

Hemos escuchado ya muchas veces que la crisis actual no es sólo financiera, es algo más gordo. Es una crisis de un modelo de crecimiento basado en haber tomado mucho dinero prestado, y con ese dinero consumir, consumir … consumir. Cierto es que algunos indicadores económicos de nuestra economía han mejorado sensiblemente, pero esto no es indicativo de un “cambio” profundo de modelo porque no se ha hecho nada para cambiar el modelo productivo de este país. Seguimos haciendo las mismas cosas, con los mismos hábitos y el riesgo latente del sistema, está ahí, tan solo que lo hemos transferido hacia los bancos centrales. Los bancos centrales de todo el mundo han asumido el papel de prestamista último. Me pregunto qué pasará cuando todos los bonos del tesoro que mantienen estos bancos en balance, se deprecien por futuras subidas de tipos de interés, que subirán.

La deuda sigue siendo muy elevada, no se ve un proceso de reducción del endeudamiento de las familias, empresas y Estado, o es muy débil en caso de las familias, o va en aumento en el caso del gobierno central. No se ve en definitiva un saneamiento de las raíces del sistema económico, que es lo que pedimos muchos. Para situarnos: el conjunto de ciudadanos, empresas y el Estado como tal en España mantenemos una deuda del 300% de nuestro PIB. Es decir, debemos en conjunto tres veces la riqueza que somos capaces de generar en un año. Y si nos vamos a la media de los países de la OCDE este indicador se va a la friolera del 440%. Y este problema es extensible a todo el planeta, Japón a la cabeza, el país más endeudado del mundo. Sólo el estado mantiene una deuda viva del 240% de su PIB. Esto en economía se llaman “economías apalancadas”. Muy apalancadas, por cierto. ¿Quién las desapalancará?
Una consecuencia inmediata, a parte de que la deuda cuando se devuelve priva recursos de otras partidas, es que hay que pagar intereses, vaya que no sale gratis. ¡Que novedad! ¿verdad? Para hacernos una idea el presupuesto del estado Español para el 2014 estima el pago de intereses de 38.000 millones de euros. Por si se quiere comparar con una partida social, el desempleo presupuestado para el mismo año en nuestro país alcanza los 29.200 millones de euros. Lo que resulta evidente desde hace unos años es que la partida de intereses sigue creciendo, en detrimento de otras partidas de tipo social que se van reduciendo, al mismo ritmo como la sanidad o la educación. Para que luego digan que las decisiones en macroeconomía no afecta a nuestro bienestar como ciudadanos.
¿Y no se puede reducir esta enorme deuda? Pues con crecimientos tan raquíticos, no. Según la Comisión Europea el crecimiento previsto para 2014 en nuestro país será del 1,1% y para el 2015 del 2,1% del PIB. ¡Compárense estas variables con el pago de intereses de la deuda pública que supone un 3,5% del PIB! Para que el endeudamiento empiece a reducirse haría falta un crecimiento del PIB anual MAYOR que el coste de lo que el Estado paga para financiarse. Se puede ver claramente que esto no es así, y tristemente vamos a seguir creciendo en ratio de endeudamiento.
¡Escenario de deuda elevada + escaso crecimiento = problemas en el futuro!
Lamentablemente la deuda sólo puede desaparecer: 1) si se paga, para lo cual hacen falta ingresos vía crecimiento robusto; 2) declarar una situación de “default”, impago total o parcial; 3) devaluar la moneda frente al resto de las divisas.
En España tradicionalmente hemos recurrido a devaluaciones competitivas cuando teníamos la peseta, ahora no es posible, porque estamos en un área monetaria única: el euro desde el año 2000. Dicho sea de paso la conformación de la moneda única fue precipitada, más como un hito político que con una sólida base fiscal. La zona Euro no era (ni es) una “zona monetaria óptima”, tal como se define por el economista y premio Nobel Robert Mundell. Las condiciones reales distan de las condiciones teóricas para ser considerada un área óptima desde el punto de vista de la implantación de una moneda única, presenta asimetrías como barreras lingüísticas en la mano de obra y falta de una convergencia fiscal, sin contar la disparidad de modelos productivos que aportan singularidad en los ciclos económicos de los países miembros. Tepper y Mauldin, en su último libro que recomiendo “Código Rojo”, llegan incluso a comparar el euro con una especie de patrón oro moderno, bajo un euro – “marco”, con Alemania liderando las decisiones económicas, y los países sureños y periféricos como el nuestro obedeciendo sin rechistar.
Devaluar es debilitar deliberadamente una moneda para que al cambio, resulte más ventajoso y competitivo el país en sus exportaciones y es una estrategia muy utilizada a nivel planetario en este momento histórico, excepto en Europa cuyo Banco Central Europeo se opone por imposición de Alemania. En el caso de España, Italia, Portugal, Irlanda y Grecia, la ausencia de devaluación monetaria la estamos supliendo a través de una amarga devaluación interna: léase, reducción de salarios, prestaciones públicas y precios de los activos. Los “mercados”, esa nueva forma de dictadura económica, están muy satisfechos con la austeridad que se nos ha impuesto.
Todos los bancos centrales del planeta están recurriendo a devaluaciones utilizando diversas herramientas, en una especie de huida hacia delante por la abrumadora deuda que les viene encima. ¿Qué hacer? Fabricar dinero con lo que se conoce como “flexibilización cuantitativa”, los bancos centrales salen al mercado secundario comprando bonos, y con el dinero creado se afrontan los mastodónticos déficits públicos de los gobiernos, y así la sigue creciendo la bola. Los mecanismos de creación de dinero intenta estimular la economía, pero entonces surge lo que se conoce como la “trampa de liquidez”, donde las reglas económicas cambian porque el dinero creado deja de estimular la demanda y los bancos centrales pierden el control de la oferta monetaria. El dinero deja de circular dentro del sistema para estimular la producción.  Vaya, que no nos llegan los préstamos a las familias y a las empresas. ¿Te suena?
Otra de las políticas que aplican los bancos centrales es mantener tipos de interés cero o cercanos la cero por cien para estimular la inversión productiva mediante financiación mas barata. Nuevamente un problema: todos los bancos centrales del planeta están aplicando la misma política ahora mismo! (excepto el BCE). Si todos los bancos centrales están actuando igual, EL EFECTO GLOBAL SE DILUYE por compensación y lo más probable es que entremos en una guerra de divisas. Otra alternativa es crear más bancos en la Luna, Marte, Mercurio … y devaluar las monedas del planeta frente a las divisas de otros planetas y así salir nosotros de la crisis a costa de otros. El inconveniente es que copien nuestras políticas y entonces convirtamos un problema terráqueo en una dimensión sideral. Aquí entraríamos en una guerra de divisas de la galaxia!
Honestamente pienso que el planeta ha llegado a una especia de callejón sin salida, donde las recetas económicas tradicionales, me da igual que sean Keynesianos o Monetaristas (miltonianos) ya no tienen los efectos esperados. Los economistas, en una especie de histeria colectiva cuentan sus recetas en numerosas divulgaciones sobre “como salir de esta crisis” pero al final nadie tiene ni idea.
Muchos pensaban que la deuda daba la felicidad. Probablemente durante unos años esto permitió consumir a más gran escala y el endeudamiento embotó los cerebros de muchos que se vieron dentro de una orgía de gasto que probablemente les hizo felices, pero por un tiempo. Ahora hay que afrontar la realidad y devolver el dinero que no se sabe muy bien de dónde narices sacar porque los recursos generadores de riqueza van a una velocidad ridícula en comparación con la voracidad de la deuda. Esto es serio. No se trata de algunas empresas que han actuado frívolamente, o unas familias sobre-endeudadas con hipotecas imposibles, o un colectivo, o sector bancario rescatado, o un país o área económica … sino que se trata de un planeta que ha basado su crecimiento, desarrollo y supuesta “felicidad” sobre una enorme masa de deuda, un planeta en el que todo el mundo debe dinero a todo el mundo. ¡Pero en qué lío nos hemos metido!

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